Camino de las Merinillas: cuando el problema no es la obra, sino el modelo de gestión

 


El Camino de las Merinillas no es solo un vial deteriorado. Es el ejemplo de una forma de gestionar que debe revisarse.

En esta actuación se invirtieron más de 160.000 euros de dinero público, financiados entre Diputación de Córdoba y Ayuntamiento de Pozoblanco. La obra se dividió en dos tramos y fue ejecutada por dos empresas distintas. Apenas tres años después, el firme presenta reventones y roturas graves en varios puntos.

No estamos ante una infraestructura antigua ni ante un desgaste lógico por el paso del tiempo. Estamos ante una inversión reciente que ya necesita reparaciones.

La pregunta no es solo qué ha fallado en la ejecución.
La pregunta es qué ha fallado en la supervisión.


El mantenimiento no es opcional

En política municipal existe una tendencia peligrosa: centrar el discurso en la inversión ejecutada y no en la conservación posterior. Se inaugura, se contabiliza la obra como logro y se da por finalizado el proceso.

Pero la gestión pública no termina cuando se extiende el último metro de asfalto.

Una administración responsable debe:

  • Hacer seguimiento técnico de las obras ejecutadas.

  • Revisar periódicamente su estado.

  • Activar sin demora los mecanismos de garantía cuando aparecen defectos.

En este caso, desde octubre de 2024 se vienen trasladando desde el Grupo Municipal de Izquierda Unida avisos sobre el deterioro del segundo tramo, aún dentro del periodo de garantía. Sin embargo, la falta de respuesta efectiva ha permitido que el problema avance.

Cuando no se actúa en el momento adecuado, el coste económico y técnico se multiplica.


Cultura de mantenimiento frente a política de parcheo

Los municipios que gestionan con visión de futuro no solo invierten: planifican el mantenimiento. Establecen calendarios de revisión, crean protocolos de control y priorizan la conservación como parte esencial del ciclo de vida de cada infraestructura.

Sin esa cultura, lo que hoy es un pequeño reventón mañana es una rotura estructural.

Y entonces ya no hablamos de exigir a la empresa dentro de garantía, sino de asumir una nueva inversión con recursos municipales.

Eso no es eficiencia. Eso es improvisación.


Dinero público, responsabilidad pública

Más de 160.000 euros no pueden convertirse en una obra degradada a los tres años sin que se depuren responsabilidades.

El dinero público no es abstracto. Es el esfuerzo colectivo de vecinos y vecinas que pagan impuestos y esperan una gestión seria. Cada euro mal supervisado es una oportunidad perdida para mejorar servicios, instalaciones o infraestructuras necesarias.

El Ayuntamiento no puede limitarse a comunicar una incidencia y esperar indefinidamente respuesta. Tiene herramientas administrativas para exigir cumplimiento contractual. La inacción también es una decisión política.


Más allá del camino: el modelo de ciudad que construimos

El caso del Camino de las Merinillas refleja algo más profundo: si queremos un municipio que avance, necesitamos pasar de la política de la foto a la política del seguimiento.

Invertir está bien.
Mantener es imprescindible.
Supervisar es una obligación.

Pozoblanco necesita una gestión que combine planificación, control técnico y responsabilidad política. Porque las infraestructuras no se deterioran solo por el uso; también se deterioran por la falta de vigilancia institucional.

Desde Izquierda Unida defendemos un modelo basado en:

  • Transparencia en la ejecución y el seguimiento de obras.

  • Exigencia rigurosa del cumplimiento de garantías.

  • Planificación preventiva del mantenimiento.

  • Responsabilidad política ante cada inversión realizada.

No se trata de criticar por criticar. Se trata de aprender de los errores y evitar que se repitan.

El Camino de las Merinillas puede y debe repararse.
Pero, sobre todo, debe servir para corregir un modelo de gestión que no puede seguir funcionando a base de reacción tardía.

Pozoblanco merece una administración que cuide lo que construye.